
Y me sentí libre al poder andar sin premura.
Parecía un sueño irreal,
el tiempo se contaba al revés y eras eterna para mí.
Desperté,
y encontré tus manos escribiendo un verso,
de esos que se te hacían fácil en pluma y papel,
mientras yo veía la niña en tus ojos que me vieron crecer
Todavía me aterraba el día de tu partida,
pero el descanso revive el alma
y mi amor prevalece en el silencio.
Escrito por: Mariana García Seijas