
Si pudiera contar las horas con efervescencia,
la medianoche sería el punto espumante.
Donde te abres a mí y dejas lo distante.
Si entendieras la brisa de la madrugada,
y lo fresco de la oscuridad,
lo místico.
No se tendría por qué diferenciar,
la mañana de la noche,
ni el mediodía por la tarde.
Todo sería unísono.
Todo sería gratificante.
Porque esa es la idea de la conexión del universo.
No existen los tiempos, ni las casualidades.
Solo existe tu intención,
solo existe el amor.
Escrito por: Mariana García Seijas.